La Autocompasión

LA AUTOCOMPASIÓN

“Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.” (I Reyes 19: 1-4)

NADA PONE MÁS EN RIDÍCULO AL HOMBRE QUE SENTIR LÁSTIMA POR SÍ MISMO.

Elías había hecho una gran obra para Dios al traer a toda la nación de Israel al arrepentimiento. Después de haber dado el juicio de Dios, el cual cerró los cielos, aun cortó el rocío, por tres años y medio, volvió y dijo al pueblo: “Encuéntrenme en el monte Carmelo, y al Dios que respondiere por medio de fuego, a ése sirvan los hombres.” Los falsos profetas hicieron sus rituales, credos, y alabaron a sus dioses, mas nada aconteció. Entonces Elías oró, Dios respondió, el fuego cayó del cielo y vino la lluvia. Él destruyó a los falsos profetas y sacerdotes, y cuando Jezabel oyó lo que pasó, le envió un mensaje a Elías, “Lo que tú hiciste a los míos, eso te haré a ti.” Elías se fue para salvar su vida, y acabó debajo de un enebro pidiendo que Dios le deje morir. Esa es la historia de un hombre que sintió auto-compasión.

Elías era un hombre impulsivo y brusco. Yo estuve así, como también muchos de ustedes habrán estado en tal situación. El ermitaño del desierto se manifestó como una tormenta sobre la vida en los tiempos del Antiguo Testamento. Sin ningún otro equipo más que una furia santa y ningún talento más que una denuncia exaltada del pecado de sus tiempos, este puritano del “mundo antiguo” lanzó un desafío al orden establecido y trajo juicio sobre la injusticia. Desdeñando y gritando, de un lado al otro por toda la tierra, sobre la maldad de su día; su mensaje era el mensaje de la ira de Dios, y ciertamente el favor de Dios estaba sobre él.

 

PUEDE OCURRIR EN TU VIDA.

Los hombres impulsivos generalmente son parciales y rápidamente fracasan. Tienden a ir de un extremo al otro. Y así era con el profeta Elías. Se sintió probado más allá de lo que pudo soportar. A pesar de que él procuró hacer lo correcto, parecía como si nada salía bien. Él trajo la victoria al pueblo y vino la lluvia, pero nadie aun le invitó a cenar. Mientras dormía en la lluvia fría y fuerte, se despertó por un relámpago y un mensajero que envió Jezabel le dijo: “Jezabel te va a quitar la cabeza tal como hiciste a sus profetas.” Y esa amenaza le hizo huir al desierto. Apenas había asaltado una barricada cuando otra se levantó contra su vida. La desesperación tomó posesión de un hombre que antes era valiente, y le puede ocurrir a cualquiera. Tú puedes lanzar desdén a aquellos que quizá no hablen tal como tú quisieras que hablen, pero la marca de un gran cristiano es la habilidad de ser quebrantado, junto con la gracia de Dios para admitir eso.

Estuve en una reunión, hace unos años atrás, con uno de los grandes hombres de Dios de nuestro tiempo. El se paró delante de 2.100 de nosotros testificando, con lágrimas, de las pruebas traumáticas de su fe en la Ciudad de México. Había sido detenido e interrogado hasta tres veces por día. La policía entraba a sus cultos y escudriñaba cada movimiento que hacía. “Mis nervios se rompieron, y yo necesito sus oraciones,” dijo con lágrimas.

 

DÉJAME MORIR.

No importa lo cerca que hayas estado del cielo, si te apoyas en el lado equivocado de ti mismo, el enemigo te puede derrotar. Nunca hay un lugar en tu vida donde el diablo tiene más de tu altura que cuando sales fuera del Espíritu de Dios. Todos los hombres están a la misma altura de los demonios de las tinieblas a medida que caminan en sí mismos. Elías, quebrantado, desanimado, y abandonado por aquellos con los cuales él había contado, al fin clamó, “¡Basta!” Dejó de decir la verdad y ese fue a otro extremo; y aquellos que nunca se identificaron con lo correcto han recibido el pago correspondiente.

Ah, ¡cuan fácil es sentir autocompasión! Tan fácil es estar atrapado en la telaraña de la autocompasión. La historia de Elías no es tan antigua como piensas que es; y cuanto más piensas en ella, más real se vuelve. El mundo está lleno de gente sentada bajo los enebros deseando morir. Yo les encuentro en las iglesias todos los días, gente que una vez fue valiente y tuvo un testimonio para Dios y se identificó con lo correcto.

La vida está llena de cambios. Van a venir a ti, tan cierto como las chispas se levantan para volar por el aire. Los días del hombre son pocos y llenos de aflicciones, y si tú andas con Dios, vas a ver cambios. Cada persona con un sentido de valores sabe que si nuestra vida no está lo suficientemente atenuada, el resultado es la auto-compasión. Nos llenamos de quejas. El camino es brusco, es difícil, el viento es contrario, parece que nada sale a nuestra satisfacción. La canción dice, “Yo le pedí al Señor que me diera sol y El me mandó lluvia; Le pedí que me diera una montaña, y me hizo pasar por el valle.” Pero Dios dice, “¿Por qué se lamenta el hombre viviente?”

 

EL MUNDO ESTÁ CONTRA MÍ.

Muchas personas piensan como que todo el mundo está conspirando contra ellas; sin embargo, el mundo tiene el deber de darles la vida. Habiendo fracasado, son vencidos con la auto-compasión. Empiezan a quejarse y, por supuesto, otra persona siempre tiene la culpa y no ellos. Una situación adversa siempre parece más oscura para ellos de lo que realmente es. Están tan atrapados en las llamas de la adversidad que ni se dan cuenta cuando Dios se está moviendo. Nunca alzan sus ojos para ver que Dios está en el trono.

Todas las cosas que tocan nuestras vidas, de una forma u otra, están obrando lo bueno de Dios en nosotros. La dolencia no es solo el ataque de Satanás en la gente sino que toca al hombre completo. Y es un largo viaje para llegar al plano de alta espiritualidad en que nos regocijamos en la tribulación y enfermedad.

Somos culpables muchas veces de pararnos delante del espejo hipnotizados por nuestra miseria. La Iglesia nunca llegará a ningún lugar hasta que pueda demostrar un gozo que es un producto de la adversidad y que tengan a pesar del diablo. En medio de la adversidad, todavía soy más que vencedor, ¡y voy a ganar! ¡Gracias a Dios! Yo puedo tener paz mientras que el mundo trata de hundirme.

 

LA BOLSA DE TRUCOS DEL DIABLO

Retirarte hacia tu pequeño cascarón de auto-compasión porque las cosas no salieron como tú querías es meterte directamente en la bolsa engañosa de trucos del diablo, porque cuando permites que la amargura entre en tu corazón, muchos serán contaminados. La Biblia dice, “De la multitud de las palabras la voz del necio es conocida.” Y nada hace más ridículo al hombre que el sentir compasión por sí mismo. No solamente hablará demasiado, sino que dirá cosas equivocadas a las personas equivocadas y dirá sus angustias a cualquiera que lo escuche. Este complejo de ser mártir muchas veces viene a la gente más sensata. Por otro lado, cuando un hombre ha vencido el “yo,” hablará a Dios.

La sensibilidad es una de las mejores cualidades del alma y una de las más hermosas características de la vida. Es algo hermoso ver a personas llorar cuando se conmueven por el Espíritu Santo. Un espíritu quebrantado Dios no aborrecerá. Quisieras llorar más, pero deja que esa sensibilidad provenga del “yo” y tendrás un infierno en tus manos. Una vez le dije a una señora en la iglesia que el latido de su corazón pudiera ser el mismo latido de Dios puesto que su corazón era tan tierno hacia Dios y su espíritu tan sensible al movimiento de Dios. Sin embargo, ella también pudo llorar fácilmente por la envidia. No hay nada más noble del carácter que responder a los necesitados, pero esa misma sensibilidad puede crear la miserable atmósfera de la autocompasión.

 

SE MARCHITAN LAS RAÍCES DE LA VIDA.

Si sólo insinuara que hay necesidad de sentir autocompasión, ¡todo el mundo la estará esperando! Hay un mundo enfermo con el pecado que ha creado un ambiente del sufrimiento y miseria para millones. Ellos tienen una necesidad apremiante de que alguien les tenga auto-compasión con ellos debajo de un enebro y que le pidan a Dios que le quiten la vida. He predicado y siento su dolor. Nosotros tenemos un sumo sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades, pero él necesita un cuerpo a través del cual pueda compadecerse de las debilidades.

Generalmente la autocompasión se centra en cosas triviales. Este tipo de autocompasión ha inventado un nuevo vocabulario entero. Una de sus frases favoritas es “complejo de inferioridad.” En esencia lo que esto es en realidad es el temor de que los demás no nos van a reconocer nuestra grandeza o que no nos van a elogiar por lo que hacemos. Sin embargo, Dios dice, “No dejes que tu mano derecha sepa lo que hace tu mano izquierda.” Debemos buscar el placer y alabanza de nuestro Padre Celestial. Si pudiéramos entender ese principio, la auto-compasión se iría. Si trabajamos y vivimos para Dios, no importa lo que piensan los
hombres.

 

EL "YO" TE LLEVA SUTILMENTE AL INFIERNO. 

Las personas entregadas a la auto-compasión siempre exageran en alguna inconveniencia insignificante en sus vidas. Alguien una vez dijo, “Yo me quejé que no tenía zapatos hasta que un día encontré a un hombre que no tenía pies.” Si solo pudiéramos ver a nuestro alrededor la miseria y sufrimiento, reconoceríamos lo bendecidos que somos. Guarda tu auto-compasión hasta que te lleves a ti mismo al infierno, ¡y entonces tendrás buena razón por sentirte mal!

La auto-compasión deja cicatrices hondas, feas, sobre el carácter de alguien. Produce tumores terribles de envidia, venganza, y odio de un alma que fue creada para vivir sin egoísmo hacia Dios. El hombre que dice, “No me puedo controlar; nadie se preocupa por mí,” muy pronto va a rendirse a cada dificultad y acabar en no preocuparse por nada menos que sí mismo. Elías dijo “Sólo yo he quedado.” Dios respondió: “Ahí es donde te equivocas, hijo. Yo haré que queden siete mil cuyas rodillas no se doblaron ante Baal.”

 

JUSTIFICA EL RENDIRSE.

La auto-compasión quita el brillo de la vida y hace que el hombre ceda en una manera aterradora, engendra cobardía y justifica cada rendición. Este es el carácter de la auto-compasión, el cual es muy común en la Iglesia hoy. La mayor amenaza de la Iglesia es la autocompasión, ese deseo de cuidarse a sí mismo. Somos tan seguros de nosotros mismos y tan confidentes que cuando nuestro pequeño mundo se desmorona, no tenemos el coraje de cambiar. Cuando Pablo reprendió a los corintios por los extremos pecados de la iglesia, los interrumpió en un momento para añadir, “Los ‘suaves’ nunca heredan el reino de Dios.” Con eso se refería a aquellos que no son capaces de estar de pie y enfrentar la vida tal como es.

Si una vez hubo un hombre con el derecho de retirarse de su cascarón de auto-compasión era el apóstol Pablo. La iglesia que él levantó le dio la espalda. Las personas que él llevó al conocimiento de Jesucristo le aborrecieron. Pero en medio de la adversidad, se subió encima de las circunstancias y proclamó, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.” Sólo una cosa le importaba a Pablo: ¡Jesús! Si lo que yo hago le agrada a Dios, agradará a aquellos que conocen a Dios.

Que Dios nos ayude a no engañarnos en pensar que alguien nos debe algo. Dios dijo que los hijos no deben atesorar para los padres, sino los padres para los hijos. Debemos estar muertos a toda voz menos a la voz de Dios. Cuando hemos sido tan atenuados al punto que la auto-compasión ya no es parte de nuestras vidas, podemos clamar las alabanzas y la victoria en los tiempos de adversidad.

Si tratas de buscar algún elemento de auto-compasión en la vida de nuestro Señor Jesucristo, buscarás en vano. Él nunca se resignó ni se rindió a las circunstancias. Él nunca quiso que ningún hombre pensara que él fue maltratado. “Tú no quitas mi vida, yo la pongo. Y después de haberla puesto, vuelvo a tomarla. Tú no tienes nada que ver con esto.”

 

LA AGONÍA DEL SALVADOR.

Yo escuché un mensaje titulado “Venga Su Reino” en el cual el predicador describió la agonía grotesca que sufrió nuestro Salvador en el Calvario. Cada hueso estaba fuera de su coyuntura, Su rostro fue desfigurado sin reconocimiento, Su lengua hinchada y salida de Su boca, mientras el mundo lo miraba, muchos con simpatía y pena. Pero esos espectadores no se dieron cuenta de lo que sucedía tras la escena. Mientras Cristo fue colgado en la cruz, El estaba atando una cadena alrededor del infierno y la estaba arrastrando por el universo, y de esa manera marcando el camino a la victoria para ti y para mí.

Nuestro Salvador no quería que las personas tuvieran lástima de Él, Él la escarneció y rechazó cuando la halló en otros. Parece que su vida fue una serie de desilusión tras otra. El sólo buscó el bien para los hombres; sin embargo Su país le dio la espalda, Sus amigos lo abandonaron y líderes eclesiásticos lo mandaron a la cruz. En todo eso ninguna palabra que mostraba la auto-compasión salió de Sus labios. Mientras El caminaba con dificultad por la Vía Dolorosa -un manto de púrpura lanzado por sus hombros, una corona de espinas atravesando Su frente bajo el peso de la cruz al camino a la muerte de un bandido. El dijo a los espectadores comprensivos, “No lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.” El conoció al hombre y El conoció al diablo. El supo de donde vino y a donde iba.

Jesucristo nos dijo a ti y a mí, “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo. Porque yo vivo, vosotros también viviréis. Tú puedes saber de donde viniste y a donde vas.” Gracias a Dios que la vida no es una aventura poco científica. Si yo camino en la voluntad de Dios para mi vida, lo que sea que pase por el camino, Dios lo puede usar para el bien; no importa cuan difícil o adversa sea la situación.

 

 REDESCUBRIENDO A JESUCRISTO.

La auto-compasión siempre entra cuando los hombres pierden de vista a Dios. Si vemos a Jesús, nunca sentimos pena por nosotros mismos. El coraje nace en aquellos que descubren o están descubriendo a Jesús. La autocompasión pone al “yo” en el centro del universo. Las personas que se absorben en la auto-compasión ciertamente han olvidado considerar a Dios. Ellos ven la religión como el hombre agarrando a Dios y rehúsan de darse cuenta que en realidad es Dios quien agarra al hombre.

Un amigo mío hace muchos años atrás dijo a su congregación, un domingo por la mañana, que iba a predicar el miércoles por la tarde el tema que el primer hombre le trajera a él el lunes por la tarde. Un anciano le trajo una bujía, y su mensaje fue de esta forma. “Esta bujía una vez estaba en un auto. Le dio el fuego y la chispa para encender el motor. El auto no funcionaba sin ella; pero luego la sacaron y la dejaron al lado del camino, olvidada y abandonada. Un día vino un auto por ahí que parecía familiar. La vieja bujía se levantó y dijo, “Parece el auto en que antes estaba, ¡pero eso no es posible! Ese auto no puede manejarse sin mí.” Esa es la esencia de la autocompasión.

Hay muchas vidas quebrantadas y perdidas por el camino, vidas amargadas con la auto-compasión. Ellos pensaron que la Iglesia iba a derrumbarse sin ellos, pero todavía funciona. Tú puedes abandonar si quieres, pero la Iglesia sigue adelante. Tú puedes acurrucarte en el camino de la vida y decir que nadie se preocupó por ti, y no pasará mucho tiempo hasta que sientas y le digas a cualquier persona que te escucha cuán mala ha sido tu vida. Si vas a quedarte así, yo no voy a quedarme ahí contigo. Yo quiero levantarte, pero no voy a sentarme ahí y quedarme desesperado contigo. Es tiempo de olvidarte de ti mismo y seguir adelante en las cosas de Dios. No tenemos tiempo para la autocompasión.

0
0
0
s2sdefault